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- Escrito por: Pr. Rodolfo Zapata
- Categoría: Reflexiones
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Padre, la hora ha llegado.
Juan 17.1
Todo lo vivido con los suyos, la transformación del adjetivo posesivo “suyos”… “A lo suyo vino, pero los suyos no le recibieron” 1 hasta entender que aquellos que no le recibieron “le cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con sus ojos, y no entiendan con su corazón y se conviertan, y yo los sane” 2 culminará con la expresión de su amor por los ahora suyos , en la cruz “sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin3.
Observemos ahora el tiempo con los suyos en el aposento alto, cómo comenzó su oración: "Padre, la hora ha llegado". Pero, ¿qué hora? La hora había sido determinada en la eternidad, antes de la fundación del mundo. Mientras Él hablaba, el reloj marcaba la hora que había sido fijada en la eternidad, porque Él era el "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo"4, como dice el libro de Apocalipsis. Recordemos que en Juan, cuando comenzó su ministerio público, en la fiesta de bodas de Caná de Galilea, su madre le había dicho que no tenían vino. Entonces, Él le dijo: "¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora"5.
La hora que estaba por llegar, era la hora en la cruz. Era la hora cuando Jesús pagaría por los pecados tuyos y los míos. Sería la hora cuando toda la creación de Dios vería el amor de Dios manifestado, cuando Jesús llevaría los pecados tuyos y los míos, sufriendo una muerte vicaria, una muerte sustitutiva y redentora, por vos y por mí. Sin embargo, su obra no terminaría en la cruz, terminaría en la resurrección.
Si leemos el capítulo 17 completo observaremos que:
Jesús oró por sí mismo (1–5) dándonos a conocer qué es la vida eterna:” que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo a quien has enviado”6.
Jesús oró por los discípulos (6–19) pidiendo por cada uno de nosotros en relación con el sistema, no pide que nos aislemos del mundo sino que permaneciendo seamos protegidos del mal: “No te ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”7. Y permaneciendo cumplamos con la misión, siendo aquí su modelo nuestro modelo, siendo que así como Él entró al mundo, debemos nosotros entrar en el mundo de los demás.
Jesús oró por todos los creyentes (20–26) y la unidad, para que el mundo crea: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” 8.
Equipando a los suyos para lo que venía, nosotros también debemos replicar el modelo, sabiendo que tenemos una tarea y debemos cumplirla.
Mi Padre trabaja, yo también.
1 Juan 1.11
2 Juan 12.40
3 Juan 13.1
4 Apocalipsis 13.8
5 Juan 2.4
6 Juan 17.3
7 Juan 17.15
8 Juan 17.21



